domingo, 15 de enero de 2017

A la intemperie



Envejecer hoy está mal visto, pero no pudiendo remediarlo… La viñeta de René no puede ser más cariñosa y expresiva de tres abuelitas que seguro que enterraron hace décadas a sus maridos, pero que parece que les va bien en la vida. No se privan del tresillo ni del chocolate con pastas. Parecen estar, además, bien de la cabeza. La más cotilla acaso sea Cecilia, que ni toma chocolate ni para de hablar.

Quizá sí, quizá no. Quizá —como decía Borges— a estas tres mujeres no les una el amor, sino el espanto asociado al vacío y a la tristeza. Dos viudas son pareja, tres multitud en la sociedad del vacío existencial que vivimos. Tres quizá puedan sobrevivir al aburrimiento. Saben que el precio que van a pagar por su edad es la soledad, porque —decía un anciano— «tu mundo muere antes que tú»: unos se marchan, otros mueren, y no te queda sino tirarte a la cuneta para dejarte morir.


La soledad, gran enfermedad de la civilización postmoderna. La gente circula cada vez más, pero las personas se encuentran cada vez menos. Hay menos sociedad, «menos patrias», alguien dijo. Antes, la imagen de la desdicha era alguien comiendo solo, hoy es una silueta caminando hacia ninguna parte, donde reina la intemperie.

martes, 10 de enero de 2017

Sin lágrimas de madre



CESNUR
¿Cómo seguir callando cuando lo que hoy no se dice no existe? Los cristianos somos el grupo religioso más perseguido del mundo, dicho sea sin querer olvidar ni disminuir el sufrimiento de los miembros de otras religiones[1]. Y lo somos en mayor número que en los primeros siglos, durante las persecuciones que se desencadenaron bajo el Imperio romano. «El mundo odia a los cristianos por la misma razón por la cual ha odiado a Jesús, porque Él ha traído la luz de Dios y el mundo prefiere las tinieblas para esconder sus obras malignas». Son víctimas «del misterio de la iniquidad presente en el mundo», a la vez que «testimonio de la luz y de la verdad»[2].

Frente a los 105.000 de hace dos años, ya se anticipa que, en 2016, fueron asesinados 90.000 cristianos, uno cada seis minutos. El 70% de ellos (63.000) en conflictos tribales en África, porque se negaron a tomar las armas por razones de conciencia. Rociados con gasolina los hemos visto carbonizarse vivos. El otro 30%, es decir 27.000, murieron en atentados terroristas, destrucción de villas cristianas, y persecuciones del gobierno, como en el caso de Corea del Norte. Entre aquéllos se cuentan los sádicamente degollados por el ISIS. Esta es la parte sangrienta, porque por otro lado sigue creciendo la intolerancia en varios países. Se estima que entre 500 y 600 millones de cristianos no pueden profesar libremente nuestra fe. Es la intolerancia como antesala de la discriminación y ésta de la persecución.

Mientras tocamos la zambomba y le damos al almirez, vemos con cara bobalicona todos los días a los centenares de miles de desplazados por las guerras de Oriente Medio. Los territorios de las primeras predicaciones de los apóstoles se están quedando sin fieles cristianos. Otro tanto cabe decir de los emigrados de Tierra Santa con un lento goteo en busca de un futuro mejor. Es el caso de Belén, hoy ciudad cisjordana de unos 40.000 habitantes bajo la Autoridad Nacional Palestina. Mientras en 1950 la habitaban un 86% de cristianos, apenas llegan al 12% al finalizar 2016. Por efecto del muro que la separa de la zona israelí, muchos jóvenes ni conocen la Iglesia de la Natividad, donde nació Jesús.[3]

Cuando en Belén cierran las puertas de la muralla al anochecer, aquí celebramos la fecha atrapados por el espíritu del mundo, que siempre nos hace amables sugerencias. A duras penas nos quedaremos con los datos escandalosos pero descarnados, sin cara, sin nombre ni apellido ni lágrimas de madre, como si se tratase de unas paladas de almas. Y a lo sumo les dedicaremos una breve oración, sin caer en cuenta que nuestra fe no se encierra en el formulismo de un rezo. Y acallaremos nuestra conciencia con la excusa de la mano que no nos alcanza: ¿qué puedo hacer yo, pobre de mí, para promover la paz mundial? Insignificante pero rotunda, santa Teresa de Calcuta, contestó: «ve a casa y ama a tu familia».



[1] INTROVIGNE, Massimo, director del CESNUR. En http://www.forumlibertas.com/90-000-cristianos-fueron-asesinados-2016/ citando a Radio Vaticano.
[2] Papa FRANCISCO, Ángelus del 26 de diciembre de 2016. ZENIT, Servicio diario, 26 de diciembre de 2016, 20:30:20 GMT +01:00,
[3] BABOUN, Vera Georges, alcaldesa de Belén, árabe y católica del movimiento focolares. http://wp.me/p6OA6V-kH3

domingo, 8 de enero de 2017

Me siento muy mal


¡Me he repetido tanto  hablando de la sensación abrumadora que produce en mi humana pequeñez el Cosmos!  Pero hablo siempre desde mí, no entran en esta consideración los demás, llámense como se quieran llamar, aunque la palabra más adecuada sería la de mi prójimo, según lo tengo aprendido —raramente asumido en su dimensión real— como cristiano. 

He recibido a fin de año un whatsapp de ultramar con un lacerante mensaje, que analiza nuestro mundo desde una perspectiva porcentual para así llamar mejor la atención de mi conciencia, si es que aún la tengo. Lo traigo a estos Papeles porque los datos callan mi boca sólo al pensar en lo desvergonzadamente privilegiado que soy, incluso en Occidente. Dice así:

Si pudiésemos reducir la población de la Tierra a una pequeña aldea de exactamente 100 habitantes, manteniendo las proporciones existentes actualmente, resultaría algo así...
Habría: 

  • 57 asiáticos
  • 21 europeos
  • 8 africanos
  • 4 americanos
  • 52 mujeres
  • 48 hombres
  • 70 no blancos
  • 30 blancos
  • 70 no cristianos
  • 30 cristianos
  • 89 heterosexuales
  • 11 homosexuales 
  • 6 personas poseerían el 59% de toda la riqueza y 
  • 2 serían norteamericanos. 
De las 100 personas:

  • 80 vivirían en condiciones infrahumanas
  • 70 no sabrían leer
  • 50 sufrirían desnutrición
  • 1 persona estaría a punto de morir
  • 1 bebé a punto de nacer
  • Sólo 1 tendría educación universitaria
  • Sólo 1 persona poseería computadora.

Ahora piense…
  • Si usted se levantó esta mañana con más salud que enfermedades, entonces usted tiene más suerte que millones de personas que no alcanzarían a sobrevivir esta semana 
  • Si usted nunca experimentó los peligros de la guerra, la soledad de estar preso, la agonía de ser torturado, o la aflicción del hambre, entonces usted está mejor que 500 millones de personas. 
  • Si usted puede ir a su iglesia sin miedo a ser humillado, preso, torturado o muerto, entonces usted es más afortunado que 3 mil millones de personas en el mundo 
  • Si usted tiene comida en el refrigerador, ropa en el armario, un techo sobre su cabeza y un lugar donde dormir, usted es más rico que el 75% de la población mundial. 
  • Si usted guarda dinero en el banco, en la cartera, tiene algunas monedas guardadas en una caja fuerte…, entonces está entre el 8% más rico de este mundo. 
  • Si sus padres aún están vivos y unidos, usted es una persona muy rara.


Si usted leyó este mensaje, acaba de recibirlo porque alguien estaba pensando en usted y, más aún, tiene mejor suerte que más de 2 mil millones de personas de este mundo que ni siquiera saben leer.
Se dice también en el mensaje que "al analizar nuestro mundo desde esta perspectiva tan reducida, se hace más presente la necesidad de aceptación, entendimiento, educación y, sobre todo, TOLERANCIA". Yo creo que no, que esta consideración es muy floja, que está bien, pero no basta. Hay que respetar y aprender de los pobres, pero sobre todo hay que atacar la raíz de la inequidad, que es donde se originan todos los males sociales y va mucho más alla que el mero crecimiento económico. Que la riqueza de los unos depaupera y "descarta" a los otros.

Me siento mal porque soy parte del escándalo no ya de la pobreza, sino de los pobres entre esos privilegiados "que podían mirar al 'rebaño' como un cigarro habano a una colilla"[1]




[1] GIRONELLA, José María, Condenados a vivir. Planeta, Barcelona, 1994, p. 327