domingo, 18 de diciembre de 2016

No más carbón



A quienes no se portan bien los Reyes Magos ya no les van a traer carbón. Sus súbditos ya no trabajan arrancando y ensacando los negros pedruscos de las Minas del Castigo Real. ¿Para qué ponerles carbón si ya viven entre carbón?, plantearon los ancianos de los Reales Consejos. No tiene sentido. Y no será porque no hayan sido advertidos. Hace más de un siglo la Naturaleza les avisó que no podía continuar su mal comportamiento con el medio ambiente. Cierto es que algunos cayeron en cuenta de que algo estaban haciendo mal y rectificaron, pero los mayores han seguido en su actitud, dando además mal ejemplo a sus hermanos pequeños: su maliciosa codicia es más fuerte que el bien y continúan vertiendo el venenoso dióxido de carbono en la atmósfera.

Creyeron Sus Majestades que, después de invitar por dos veces a todos los países del mundo a bailar sambas en Río de Janeiro y enseñarles vanamente hacer ikebana en Kyoto, acercándolos a Oriente sería otra cosa. Así pues, inspiraron al humano Consejo de las Naciones Unidas que convocara su próxima Cumbre del Clima en Marrakesh, una multicolor ciudad que aviva todos los humanos sentidos desde su fundación en el siglo XI. Dispusieron que, desde un principio, los representantes de todas las naciones del mundo fueran recibidos a la manera tradicional, ofreciéndoseles leche de almendra con agua de azahar y dátiles; durante días se les agasajó con toda suerte de lujos y facilidades. Hasta les contaron mitos y leyendas al caer la tarde, como en las Mil y una noches, con el único fin de que sus entendimientos comprendieran la gravedad del problema que se ha creado la Humanidad y movieran sus voluntades a un definitivo arrepentimiento. Pero fue en vano, porque no lo consiguieron. Los que resultaron más díscolos e insolidarios fueron los Estados Unidos de América. Los chinos, que un día no tendrán más oxígeno para respirar en Beijin, parece que se corregirán poco a poco. Pero de no tomarse medidas más efectivas, continuará el calentamiento global, se desharán los polos, aumentará el nivel del mar, cambiará el régimen de lluvias, se desertificarán grandes territorios, habrá especies animales que desaparecerán y hasta es probable que los hombres tengan problemas de alimentación. Y todo esto por la codicia de unos países que, para hacerse más ricos o menos pobres, les es más barato fabricar bienes contaminando la atmósfera con gases de efecto invernadero.

Los Reales Consejos han intuido que detrás de todo esto está la rapacidad humana, la idolatría del dinero, el deseo de acumular riquezas por ambición, vanidad, orgullo, dominio sobre los demás… Fascinados por la incongruente muestra de unos paraísos terrenales, los hombres esquilman el medio ambiente, pisotean al prójimo y llegan incluso a la guerra contra sus hermanos, sin ni siquiera pensar que no pueden tener todo, porque no tendrían donde meterlo, ni en ésta ni en la otra vida. Por su soberbia se han alejado del Niño-Dios que adoraron los Magos en Belén.


Por eso SS. MM. los Reyes, después de meditarlo mucho y entristecidos, han decidido que ya no traerán más carbón, porque la codicia de los hombres todos ya ha repartido suficiente ración entre ellos.

sábado, 17 de diciembre de 2016

No al acoso



Pinterest
La cuestión me preocupa porque en España no se le está dando solución. No comparto algunas de las hechuras que ya tiene la sociedad p-o-s-t-m-o-d-e-r-n-a. Dicho a boca llena, la que dice estar de vuelta de todo. En ella han volado los principios más elementales de convivencia, que eran los que nos condujeron a respetar a los conciudadanos —e incluso al ecosistema, digámoslo también— porque son dignos de respeto, no porque así lo enuncie la ley. Se está tratando el bullying —dicho así el acoso escolar parece más culto— como si fuera un mal que aqueja a nuestra sociedad, cuando en realidad solo es síntoma de algo más profundo.

Hace bastantes meses, auspiciada por una revista nacional, tuvo lugar una mesa redonda de expertos (un maestro de primaria, una miembro de una APYMA, un alto funcionario autonómico y una psicoanalista) que se preguntaban ¿Cómo acabamos con el acoso escolar? Todos coincidieron en el diagnóstico del preocupante fenómeno, del que son víctimas tanto el acosado como el acosador, y aportaron ideas y posibles soluciones al problema desde su conocimiento y experiencia.

Terminada la lectura del reportaje me quedé hueco: manejaban bien los conceptos y a medias las ideas —alguna peregrina, por cierto—, porque no se explayaron en ellas. Porque no expusieron cuáles son las bases que sostienen esas ideas que habrían de ponerse en práctica para alcanzar los fines por ellos propuestos. Algo así como una respuesta al “¿por qué?” del “¿por qué-por qué?” tan infantil y primario. Me explico a título de ejemplo.

Uno de los circunspectos intervinientes propuso que, aun dejando a veces de lado la impartición del programa oficial, a los escolares «hay que formarles un pensamiento crítico para que distingan la justicia de la injusticia y esto habría que hacerlo por norma y desde Primaria. Para que sean capaces de decir: “Lo que estás haciendo no está bien y no te apoyo”».

Claro está, pero para distinguir lo justo de lo injusto hay que tener una previa idea de qué es el bien y el mal, de la naturaleza y dignidad del hombre. Una idea que es moral y básica para comprender luego la distinción entre lo justo e injusto. Conocida ésta, es preciso contrastarla después con los conceptos de legal e ilegal, porque es el caso de que lo injusto puede ser legal e ilegal lo justo. De otro modo no se les podría explicar qué es, por ejemplo, algo tan básico como la objeción de conciencia (el caso más clamoroso fue hace decenios el “No a la Guerra” y al Servicio Militar obligatorio; hoy es el criminal aborto) o la atenuante penal del estado de necesidad, que puede no ser injusto. Todo esto no lo manifestó el "mesarredondista", dándolo quizá por sobreentendido, pero en cuestiones de educación no caben los sobreentendidos. Bien lo saben los docentes.

Señalaba también el mismo participante la necesidad de hablar a los chavales «de lo importante que es forjarse una personalidad sólida y no dejarse llevar por cosas que no desean». Está muy bien, pero de la preocupante ausencia de formación en moral elemental y el abandono del estudio de las Humanidades se siguen errores supinos en la concepción del hombre, de la sociedad, de la Humanidad y de su entorno. El mayor de ellos es a todas luces el concepto de libertad. De este modo no se consigue dotar a las personas de esa «personalidad sólida» y, como individuos integrantes de una masa, carecerán de recursos para «no dejarse llevar por cosas que no desean».


Yo ya soy mayor, pero mis nietos están en preescolar. Aunque somos gentes de las que antes se llamaba “de orden”, todos somos ya “antisistema”.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Ni Dios lo sabe...


HarroDienekes
Me hace llegar un gran y buen amigo una anécdota atribuida a Pedro Muñoz-Seca, con la advertencia de que puede ser apócrifa, pero compruebo que no difiere del temperamento y expresión del ingenio satírico del formidable autor. No se la tache de volteriana, porque en modo alguno lo es, pero sí anticlerical, porque no puede menos de serlo.

Dice así:

Don Pedro vivía, desde sus tiempos de estudiante, en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba auténtico afecto. Falleció la mujer y a los pocos días el marido, más de pena que de enfermedad, pues era un matrimonio profundamente enamorado… El hijo de los porteros se dirigió a don Pedro, muy afectado tras la muerte de sus padres, y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz Seca surgieron estos versos:
  
Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad,
y la virtud de los dos,
que están, con seguridad,
en el Cielo, junto a Dios…

 Corría mil novecientos veintitantos y, en aquella época, era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos. Así que Don Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid reconviniéndole a modificar el verso, puesto que nadie, ni siquiera el propio Obispo de la diócesis, o incluso el Santo Padre, podían afirmar de un modo tan categórico que unos fieles hubieran ascendido al Cielo sin más. Don Pedro rehízo el verso, y lo remitió a la Curia en los términos siguientes:
  
Fueron muy juntos los dos,
el uno del otro en pos,
donde va siempre el que muere:
pero no están junto a Dios,
porque el Obispo no quiere…

 Nueva carta de la Curia. El Obispo, tras recriminar al autor lo que creía —con toda la razón del mundo— una burla y un choteo de Muñoz-Seca, le exigió una rectificación, ya que no es el Obispo el que no quiere, pues ni siquiera es voluntad de Dios: Él no decide nuestro futuro, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
 Así que Don Pedro remató la faena, escribiendo un verso que jamás se colocó en enterramiento alguno, porque la Curia jamás le contestó:
  
Vagando sus almas van,
por el éter, débilmente,
sin saber qué es lo que harán,
porque desgraciadamente,
ni Dios sabe dónde están…



La anécdota, publicada hace unos años en Youtube,  viene muy a cuento hoy porque aunque puedo imaginar el cabreo de la burocrática Curia matritense, hace unos días dió inicio a la Causa de beatificación de nuestro dramaturgo, quien fue fusilado en Paracuellos del Jarama dando testimonio de su fe. «Cuando recibas esta carta —se despedía de su mujer— estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento. Dios sobre todo. Voy muy tranquilo sabiendo que tú siempre serás el ángel bueno de todos. El mío lo has sido siempre, y si Dios tiene dispuesto que no volvamos a vernos mi último pensamiento será siempre para ti […]. PD: Como comprenderás, voy muy bien preparado y limpio de culpas».

martes, 13 de diciembre de 2016

Rogue One


Me proponían acudir a ver Rogue One: Una historia de Star Wars, el primer spin off dirigido por Gareth Edwards, que está siendo un éxito de taquilla allá donde fueres. Ya les he dicho que lo siento, que no les acompañaré, que no me gusta ese género de cine tan recurrente en nuestros días.

Nadie más lejos que yo del transhumanismo en él subyacente, porque se me antoja un movimiento cultural no ya exótico, sino  desesperado. Se ha convertido en una ideología alimentada por la pretensión, en nombre del progreso, de la mejora de la condición humana mediante el desarrollo de tecnologías que optimicen las capacidades tanto físicas como psicológicas del hombre.

Los éxitos de la robótica y la biónica no significan que, de igual modo, pueda alcanzarse el mejoramiento del hombre y de la sociedad. Ni la nuestra ni la de nuestros hijos. Una cosa son las avanzadas tecnologías de que disponemos, que nos brindan óptimas soluciones, siempre mejorables, y otra muy distinta que, incluso agrupadas holísticamente, puedan dar solución a las cuestiones que se plantean en esta postmodernidad que vivimos, cuando algunos ya hablan abiertamente de un posthumanismo.


Prefiero aquellos filmes cuyo guión cuenta historias verosímiles de la sociedad de los humanos, de carne y hueso. Hay mucho para contar de Pepita y de José.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Mira, lo necesito


Me falta la madre desde hace un año. Murió de vieja, mas no pelleja, que estaba de muy buen ver y mejor cabeza. Una real anciana centenaria, casi. Velé su tranquilo sueño de la última noche, mientras se me agolpaban recuerdos de nuestra primera vida juntos. Tuve también largos y amorosos silencios con mi alma, pasmada la cara en una sonrisa, mientras me complacía con herméticos sentimientos de mi primera niñez.


Leiza, 1946

Acariciando mi mejilla tenía por costumbre decirme con suave voz: "¡Tu siempre fuiste el primero!". No el más amado, quizá el más esperado, quien cambió el rumbo de su vida, porque la hice madre. Troqué su ilusión en dolor y aún le hizo más mi nacimiento, cuando me acunaba roída por la infección. Mamé poco, lo que había, pero no tuve ama y  probé a duras penas papilla. Pertenezco por derecho propio a una doble generación, la española del “Pelargón” de postguerra y la del baby-boom que siguió a la capitulación del Eje, como si todos los veteranos se hubiesen puesto a copular como locos y a la vez. Mamá, que era muy pacata para esto, se moría de risa cuando ya de mayor, desvergonzadamente, se lo evocaba. Crecí sano y fuerte.

Luego vinieron los otros, mis hermanos, con la cadencia del ciclo anual. Nueve meses más cuarenta días, que entonces se cumplían. Hasta siete veces y un “tropiezo”, que se llamó… "¡Angelicos al cielo!" decían mis abuelas y marchaban a Misa de Gloria.

Mamá, niña grande que parpadeas en el firmamento entre tus estrellas preferidas, cuando miro al cielo acaricia mi mejilla y repíteme de vez en cuando con voz queda: "¡Tu fuiste el primero!”.

Mira, mamá, lo necesito.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Monicono


Monicono.
Creative Commons
Quien arrastrándose por el desierto encontrare una botella verde, con esa forma tan característica, aunque estuviere vacía y muy erosionada por la arena y el sol, es seguro que la asociaría con Coca-cola y a ésta con un líquido que calma la sed y, a la vez, proporciona una subida del tono general, aunque esté caliente. A esta botella se la denomina icono, según formulación de la filosofía del lenguaje.

Nuestra sociedad es tan icónica que representamos cada vez más la realidad mediante imágenes. De ello ha sabido obtener beneficio el marquismo, asociando calidad o supuesto estatus social a una marca o al logotipo que la expresa. Hemos llegado a inventar también “emoticonos” o  representaciones de expresiones gestuales, que se utilizan en mensajes electrónicos para aludir al estado de ánimo o las emociones del remitente. Pero así como los logotipos parece que tienen cierta estabilidad en su significado, no así los emoticonos, pues el género humano ni tiene las mismas emociones ni las expresa de igual modo. Por eso es necesario traducirlos —hay tablas de conversión—, pero no cabe dotarlos de matices. Por ejemplo: I like, pero con ciertas reservas; eres un amor, pero no por ello quiero casarme contigo, etc. Dicho de otro modo, los iconos no pueden suplantar a las palabras y a la literatura para expresar cuanto pasa y nos pasa.

En principio, con iconos también pueden expresarse ideologías: el puño cerrado, la hoz y el martillo, el brazo en alto, la esvástica, la estrella y la rosa roja, las gaviotas… En este terreno, sin embargo, el icono (significante) no sugiere (referente) siempre una misma imagen mental (tipo). El decurso histórico y las estrategias las han pervertido. Habría que hacer un gran esfuerzo mental para asociarlas con sus cambiantes significantes y significados, máxime cuando día a día se comprueba que las mismas ideologías valen, contra todo rigor, tanto para lo uno como para lo contrario. Por eso ha sido preciso dar un paso semántico más: desvirtuar a las ideas de su significado a fin de que sirvan de comodín para todas las causas.
Esopo. Creative Commons

 A decir verdad, creo que la posibilidad de una representación icónica de las ideologías e incluso la desvirtuación de las ideas la reventó Esopo siete siglos antes de Cristo, al permitirse aventurar que aunque la mona se vista de seda mona se queda.

sábado, 3 de diciembre de 2016

La fosa común



Con la locura que estamos viviendo, desencadenada por los filisteos que sacan tajo avivando su —solo la suya— “Memoria Histórica”, no se me ocurrirá ponerme en una postura “frentista”, que es la que desean, pero tampoco adoptaré la del apaleado por la sistemática mentira de quienes pretenden darle la vuelta a una Historia que aconteció, que está ya escrita y cuyo protagonista —para más irrisión— se murió en la cama.

Los que hoy se llaman "antifascistas", al avocarse la sucesión (¿!) de quienes encarnaron el Frente Popular en 1936, han se asumir la parte de la historia que les corresponde de las atrocidades cometidas en la mayor persecución sufrida por la Iglesia católica en los tiempos modernos.

Estoy en Valencia, tierra para mí de amor y también desgracias. Sólo tal día como hoy, el 24 de noviembre de 1936, se le contabilizan 12 mujeres mártires —de las de altar—, sin contar los laicos que también fueron asesinados por cualquiera de los motivos que pasaron por las cabezas de sus captores. Son 12 Carmelitas de la Caridad (Vedrunas) del Hospital de Valencia. Este caso muestra cómo se trató por la fuerza de borrar toda “antigualla de religión” desde que se impuso el Frente Popular, en febrero de 1936, y fueron “barridas” dos meses antes de estallar la Guerra. Por cierto, siete de ellas eran vascas.

Desde 1858 y por petición de Isabel II al obispo de Vic José Castanyer, en la Real Casa de Misericordia de Valencia (la antigua, de la que por todo resto queda un santuario de estilo bizantino en la calle Pintor Zariñena) las carmelitas de la Caridad se ocupaban de un asilo de ancianos, niños y jóvenes desvalidos de ambos sexos. A partir de la victoria del Frente Popular, la Diputación de Valencia decidió prescindir de las 37 religiosas.

El 20 de febrero de 1936, en la Casa de Misericordia estalló un motín, con chicos rompiendo puertas y cristales, irrumpiendo en las clases de las niñas, golpeando a las religiosas y profanando algunas imágenes. Incluso ancianos asilados apedrearon ventanas y tiraron la comida al rostro de las religiosas. Las mujeres, en cambio, defendieron la clausura con piedras y escobas. El 12 de mayo se decretó su sustitución por personal femenino civil, que les fue presentado el 4 de junio: 68 mujeres cuya inspectora expuso así su programa: “Necesito ante todo barrer toda antigualla de religión”. La iglesia del asilo se había cerrado en marzo, y las carmelitas rezaban en su oratorio privado.

El 22 de julio celebró el capellán José Legua la última misa. Las carmelitas se fueron yendo a un piso en la calle de los Cambios 3, cerca de la Lonja. El 27 de julio se puso fin a 78 años de servicio, entre insultos y acusaciones de ladronas por la vecindad. Las autoridades permitieron marchar a las que tuvieran familia fuera, aunque alguna no lo hizo.

El último de muchos registros que sufrieron fue el 17 de noviembre, cuando las llevaron al comité de la FAI. Ofrecieron de nuevo los milicianos la libertad a la madre Niceta por ser catalana, pero la rechazó: «Donde vayan las hijas, allá va la Madre». Allí mismo se dictó sentencia de prisión para las 12 religiosas, que el día 19 fueron llevadas a la cárcel de mujeres de Alacuás. El 24, a las 5 horas, les mandaron subir a un camión para cuidar a los niños evacuados en los Baños de Bellús. Pero ellas sabían adonde iban y repetían, como el primer mártir san Esteban: «Perdónales este pecado, que no saben lo que se hacen». Las llevaron al Picadero de Paterna, donde la madre Niceta, superiora, arrodillada con los brazos en cruz, dijo en voz alta: «Señor, tú me las diste, te las entrego, estoy dispuesta».

Allí, sobre la arena y excrementos animales, fueron asesinadas en el paredón:
  • Niceta Plaja Xifra (73 años), natural de Torrent (Girona). Superiora.
  • Feliciana de Uribe y Orbe (43 años), de Múgica (Vizcaya).
  • Paula Isla Alonso (73), de Villalaín (Burgos).
  • Justa Maiza Goicoechea (39), de Atáun (Guipúzcoa).
  • Erundina Colino Vega (53), de Lagarejos (Zamora).
  • Daría Campillo Paniagua (63), de Vitoria.
  • María Consuelo Cuñado González (52), de Bilbao.
  • Concepción Rodríguez Fernández (40), de Santa Eulalia de las Manzanas (León).
  • Mª Concepción Odriozola Zabalia (54), de Azpeitia (Guipúzcoa).
  • Cándida Cayuso González (35 años), de Ubiarco (Cantabria).
  • Antonia Gosens Sáez de Ibarra (66), de Vitoria.
  • Clara Ezcurra Urrutia (40), de Mondragón (Guipúzcoa). 

Sus cuerpos acabaron en la fosa común.

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Fuente: MATA, Santiago, En la catedral de los mártires. 
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